Discurso o sermón en alabanza de alguien o algo

miércoles, febrero 06, 2008

A Eugenia, por febrero

Este es un pequeño homenaje a una persona muy querida que ahora anda por tierras lejanas... Y es homenaje, porque no tiene precio haberse levantado el sábado 2 por la mañana con esa sensación de alegría enorme, de las que acompañan a las buenas celebraciones. Y es que la celebración del viernes conmemoraba otra, del año pasado, MUY ESPECIAL... ;-)

Para tí, Euge, guapa!

(Estaba pensado para que lo leyeras el domingo, pero por causas ajenas a la organización...ejem... llega un poquillo tarde. :-> Anyway, ahí va)


A Eugenia, por febrero


Partes hacia lo ignoto
con la cabeza alta
valiente
creo reconocer en tí
esa inquietud con
miedillo mezclada
que precede a la aventura
la intensidad del momento
de buscar otro cielo
bajo tu mismo sol.
Partes, y desde ayer
nos vamos todos contigo
los detalles, los momentos
las risas, las cañas,
las charlas en la mañana
los bailes al anochecer
Que te acoja el Nuevo Mundo
como lo hicimos nosotros
que ocupemos alguna que otra
de tus horas muertas
y alguna que otra calidez
de tu corazón
Marcha, marcha, valiente
con confianza, con alegría,
con tu optimismo y tu
buen humor
Que sepa por fin el Caribe
que aún no conoce, del mundo
Lo mejor…

martes, octubre 30, 2007

La Luna y Orión

Es una fría mañana de otoño. Aún no ha amanecido, pero la luna se encarga estos días de despertarme. Es como si la luminaria hubiera decidido tener por balcón mi ventana y así, me observa risueña, mientras los álamos se mecen al viento y la quietud es aún la reina sobre el cielo oscuro.

Hoy es un día importante, quién sabe si tal vez difícil, y por eso ha sido una inesperada sorpresa despertarme con Orión sobre mi lecho, con Rigel y Beltelgeuse como guardias lejanos custodiando mi ventana, con Bellatrix, que es mi estrella y con Sirio, mi favorita desde la niñez, titilando brillante frente a mis ojos.

Vale oro el privilegio de que el mismísimo cazador, el luchador del cielo, se de una vuelta por tu ventana para comenzar un día en el que necesitas un poquito de fuerza y una inmensa paz. Paz enorme de este cielo de finales de octubre, con su collar de perlas blanco al amanecer, que anuncia la llegada del invierno, y cuyos baños de luna han sido, sin duda, terapéuticos. Excelentes presagios para un día de diagnóstico. Gracias por este regalo.


"Above him the sky was breaking up,

by morning it would be freezing hard;

and suddenly Orion swung out of the

drifting cloud into a great lake of clear..."

Rosemary Sutcliff





miércoles, septiembre 19, 2007

El cuarto

A J.M.F.C., el hombre de las mil caras...y el que, probablemente, marcó una época


Entró por una pequeña puerta pintada de rojo, con el picaporte metálico. El cuarto estaba lleno de luz, la luz natural de la mañana en un día, ya casi de verano, calinoso, con la promesa de un calor que se anticipaba sofocante para las horas del mediodía. Pero aún no: aún estaba fresca la mañana.

Tras una gran mesa elíptica se apilaban cajas y más cajas de cartón, repletas de piezas ignotas, ¡quién sabe si de valor auténtico! Aunque probablemente sólo guardaran tesoros para los entendidos, que podrían pasar sin notarlo media vida tal vez, escudriñando sus interiores, y sacando a la luz maravilla tras maravilla para sus estudiosos ojos.

El cuarto tenía fama de tétrico, y hasta de poseer una cierta atmósfera hostil. Las paredes, repletas de libros, enseguida atrajeron su atención. Allí, tal vez cogiendo polvo y sin que nadie los aprovechara, reposaban los conocimientos de una, quizá dos generaciones enteras. Desdicha…




Y sin embargo era el reposo un descanso tranquilo, como el de aquél que se jubila ya cumplido su cometido laboral, y luego talmente descansa, satisfecho de sus logros y disfrutando al fin de la mera contemplación tras años enteros de azares, sobresaltos, escaladas a las crestas de imposibles olas seguidas de repentinas inmersiones en la espuma y el remolino del ancho mar…

Sí, allí debía de permanecer aún aquel espíritu un día loco, orgulloso y un tanto tiránico, y después, al correr del tiempo, ya suavizado y hasta en ocasiones afable, pues la vejez es posible que nos lime, como a los cantos del lecho de un río, hasta que quedamos tersos, redondos, más cerca de esa perfección que se asocia con el círculo, donde nada se puede decir que empieza ni acaba…

Ese espíritu impregnaba, pues, las paredes del cuarto, donde dos compañeras de los libros colgaban plácidas, recibiendo la tenue y fresca luz matinal sobre ellas. Dos fotos inmensas: una, de un volcán visto en la vertical, gigantesco cono con sus lavas descendiendo por la ladera;
la otra, más inmóvil, un barranco profundo excavado entre agudas y cortantes escorias, con caída a pico desde sus paredes, con sensación de vértigo, pues parecía al mirar esta foto que te metieras dentro de ella y de repente te encontraras allí, al borde del abismo, mirando al lejano suelo, y maravillándote de la sensación, sintiendo subir tu adrenalina, y aflorar ese espíritu salvaje de dentro, ése que siempre te grita: “Esto es la verdadera libertad”…


Apartó la vista y enseguida retornó al mundo. ¡Sólo era un cuarto! Un antiguo despacho, atestado de cajas y libros, de viejas piezas. Pensó en ir a por un café y despejar sus internas telarañas. Pero antes de salir, ya junto a la puerta, le pareció escuchar una voz en su cabeza, que decía: “¡Aprende! Y ven cuando quieras…”

viernes, junio 15, 2007

Mind's prayer

My mind to your mind
my thoughts to your thoughts
as much my strength
as I can spare
my glare
to your glare
to enlighten such places
as are now by your side
golden Egypt, green Kuala,
earthy Uganda, cold Canada,
blue and cosy Greece
where friendship like brotherhood
with you dwelt
may they merge with
today's golden, brilliant dawn
For you, through me
the sun of the morning
the promise fulfilled
from my heart
to your heart
for it is heart now
that matters...

lunes, febrero 05, 2007

Fluya el agua


Fluya el agua
de nuestra historia:
en lo hondo de cuevas
oscuras y frescas
llenando, gota tras gota
lagos enteros;
en la alegría de los
arroyos ruidosos
cargados en la primavera
brillantes sus reflejos
verdes al sol;
en lo inmenso y eterno
de olas saladas...

desde el gris en paz
de las mañanas
al naranja cálido
y pleno del atardecery al fin en todas aquellas
que aún no conocemos
pero que vendrán:
a llevarnos, a desbordarnos,
a anegarnos, a sumergirnos,
a resbalar por nuestros dedos,
a refrescar nuestros corazones,
a hacer que flotemos
alegres a la deriva,

a elevarnos en sus crestas
y a besarnos en sus orillas,
a hacer que naveguemos
sin hora y sin rumbo
hacia quién sabe qué puertos
y qué otros nuevos mundos,
y a remansarnos también
una vez, algún día,
en nuestros propios estanques
cuyo fluir refleje entonces
en cada calma escogida
las luces coleccionadas
de cada una de nuestras vidas.


You can do your betting, we're getting
Some fun out of life

Billie Holiday

domingo, diciembre 31, 2006

Inmenso Fito

Ayer noche fue especial. 21:00 horas. Palacio de los Deportes. Madrid.

Música de Brian Setzer (como hecho para mí!) para amenizar la espera. Dibujos animados a ritmo de swing… y el estallido!!!!

Por la boca vivió el pez. Por la boca de cientos de nosotros que coreamos, gritamos, reímos, bailamos…

Gritamos contra la guerra, la puta guerra,
lo que no se ve y lo que nadie nos contó,
y dejamos todos a coro
hasta que casi nos faltó el aire,
lo menos siete cientos
de lágrimas en la arena.

Empezamos una vez más,
la casa por el tejado,
y le hicimos ventanas
para esa suerte que por ellas
entró una noche y se fue una mañana;
para esa que viene y va, como la lluvia y el rayo verde…

Le dimos nuestro querer a un querer
para toda la vida.
Sobró la luz: la de los mecheros
en la pista y en las gradas,
poniéndonos rojitas las orejas
y tampoco aprendimos a restar,
sino a verle el ombligo a la luna,
luna creciente… (la que había ayer!).
Y al son de un hada loca nos pusimos Deltoya a ritmo del mejor rock, con sus toques de blues, con sus toques swingeros… (Esta noche, nena…)
Estuvimos en el camino de la fama y coreamos hasta los instrumentales, magníficos, de la mano de ese saxo increíble y del ex-guitarrista de M-Clan…
Nos dimos un paseo por el cementerio y otro más por cierta Barricada… :-> para descubrir con alivio que con los rifles no se matan las palabras…
¿Y qué te voy a decir?
si yo acabo de llegar
si esto es como el mar
quién conoce alguna esquina…

No fuimos Bo Didley, sino nosotros
Una voz en muchos tonos
Un gran brazo con muchas manos
Un mismo sudor y
Una misma sonrisa

Y así, cerca del final, llegamos a donde todo empieza… (a Setzer?!) Y Mack the Knife acompañó nuestra partida… partida feliz y alegre, y es que no nos hemos despertado porque hoy haya salido el sol… :->

Inmenso Fito, que “hasta se iba a divertir esta noche”, porque “así da gusto tocar (gracias, majos ;->)"

Inmenso Fito, ¿quién serás? Que nunca he cenao contigo y te sabes mi vida mejor que yo. Si hasta te he pagado prenda! Bueno, entre tú y yo… bien empleada. Que sea verdad que todas las cosas que al mar tiramos, nos las devuelve siempre la marea… como venganza de la buena suerte… o recompensa de la mala vida…
A la salud de esa Virgen de la Locura a la que nunca más vas a rezar!

jueves, diciembre 14, 2006

Daniel y la marea

(A Keyco y a la antigua Puk, que fueron y son partícipes de la marea. Y también a Brikcius, a quien la marea alcanzó una noche de cañas...)


Daniel es porteño. De Buenos Aires, claro. Llegó con su sombrero de medio lado, y esa caminada elegante, pausada y con magia de los tangueros. El Viejo Almacén celebraba que era una noche de verano, aunque ya hubiéramos entrado en la estación otoñal, porque aún no hacía frío, y el aire conservaba un no sé qué suspendido en el tiempo.

Luces bajas y muebles oscuros daban un aspecto cálido y acogedor al restaurante, donde algo agolpadas en las mesas, ¿qué podía ser? ¿dos treintenas de vidas? daban rienda suelta a sus propias historias mientras un cantante, con su guitarra y una bella voz algo quebrada, desgranaba para ellos la noche.

De pronto, casi sin avisar, Daniel y el tango: Daniel y el baile. Daniel y una pareja femenina que sin él no hubiera tal vez brillado como lo hizo. En el tango hay algo de aguas reposadas, de las que parece que fluyen tranquilas e indiferentes mientras recorren el mundo, como con una confianza feliz en sí mismas, y en que lo bonito de la vida resulta ser el camino, y no el sitio adonde te toca ir. Pero, como la vida, no es todo tan sencillo. Y de aguas llegamos al mar, y del mar, a la marea... Daniel y la marea.

Hace ya casi los veinte años que no son nada, cruzaba Daniel los tránsitos y avenidas del Buenos Aires querido. Éste era otro Daniel, y no el que conocemos ahora. Pero eso no importa, porque para las historias somos siempre la misma persona. Decía, por tanto, que Daniel cruzaba la ciudad de los buenos aires, aires que quizá le habían despertado la curiosidad por las Ciencias Físicas. Y allá que iba, a la Universidad, en viaje de a hora y media, como todos los que vivimos lejos del mundo de la Academia. Por aquel tiempo quiso alguien, que no se sabe si fue el aire, la lluvia o el mar, que se repitieran jornadas de huelga allí, y en España, y puede que a la vez en muchos lugares del mundo. ¡Échale! pegarte la en punto y la media para llegar luego al erial de las clases vacías y el tiempo aburrido por pasar. Pero así era. La cuarta dimensión, aunque también parte de la Física, se rebelaba. ¿Qué hacer? Vagaría Daniel por el campus caótico, bullente de gentes desocupadas, ¿tal vez ya con el germen de esa caminada tan suya? hasta que el paso le puso frente a uno de esos carteles que anuncian clases. Clases de vela. ¡Aprende a navegar! ¡Aprende a gobernar un barco! Y qué mejor cosa que ofrecerte que tomes el timón, cuando lo que te fastidia es precisamente esa nave sin rumbo, donde el capitán no es capitán y la carrera no puede hacerse carrera, la carrera Física, que también tiene que ver con el viento y la marea...
Puede ser que algunos de nosotros seamos aventureros por vocación, o que la diosa casualidad nos favorezca especialmente; no se sabe... El hecho es que Daniel comenzó sus clases de vela y ellas a su vez, como en prenda, le hicieron descubrir que la hija del patrón era una antigua compañera de colegio. Pero no cualquiera, no: ella era aquélla de la que un muchacho siempre estuvo enamorado, y también aquélla que nunca lo supo... al menos mientras estuvo en el colegio. ¡Qué calor acogedor y dulcemente nostálgico! Esos primeros amores masculinos, quizás inocentes un tanto, pero llenos del idealismo más puro, no debieran perderse nunca, porque ellos sí que son como una marea, que inunda sin ahogar, y que te hace brillar los ojos de una manera especial...

Y tampoco sabemos si la marea, que tiene, inevitablemente, dos sentidos, decidió retirarse, o si fueron causas externas, quién sabe si políticas, económicas o mundiales, las que la obligaron a ello. Pero el tango parece encontrar a veces sus momentos sublimes en esos pequeños o grandes dramas de la vida, espejo de los cristales rotos, que nos hacen ponernos una coraza alrededor de ese ser chiquitito y sensible que todos llevamos (¡o deberíamos llevar!) dentro. Como si armáramos velas y nos lanzáramos al mar, a buscar un futuro distinto, desconocido, mejor o peor, pero aventura que, a fin de cuentas, es la promesa de que encontremos el tesoro de la fortuna. Y Daniel, en su pulso con ella, con la fortuna, luchó con sus propias armas: las de la Física.


Contrariamente a lo que mucha gente cree, no es cuando llevas el viento de popa cuando más deprisa navegas, ¡ah, no!, aburridas empopadas... Sólo cuando navegas en ceñida, con el viento y aun el mar en contra, y vas trazando tu ruta en ángulos zigzagueantes, lo más físicamente precisos, consigues la máxima velocidad que tu barco pueda darte.
"Ya nunca me alcanzarás, amargo pesimismo
Yo volaré lejos, con las estrellas..."
Y como si Daniel supiera también de manera innata estas palabras que una noche me susurró una voz incorpórea, él navegó y voló, no sabemos si guiándose con las estrellas o con un buen GPS, y cruzó el ancho charco Atlántico para llegar a nosotros, a alcanzar con los años a su otro Daniel, el de la caminada elegante, el que ahora conocemos, y que aún estudia la Física... ¿y tal vez la marea?


La marea de gente bailando, en las noches de milonga, con ese cambio de peso (¡más Física!) constante pero suave, fluyente, que le da al tango su secreto y su gracia. Con ese dejarte ir, en conexión con otra persona, que te hace olvidar la bajamar, y te mete en el alma un brillo de los que quitan el frío, y al fin, con esa gracia insospechada, velada y a un tiempo sincera, que nos dejó una noche su historia, que nos llevó otra vez por un rato a ser niños, y que no podíamos por menos que convertir en palabras. Para cuando queramos volver a la marea.